No es solo agua: cómo el hielo inteligente cambia el sabor de tus bebidas caseras y salva las sobras de comida

Mañana de julio. Has preparado un café que te ha quedado exactamente como debe ser: denso, un poco amargo, todavía muy caliente. Le echas un par de cubitos de hielo para enfriarlo. Tras 10 minutos, tienes en el vaso una agüilla marrón y turbia que recuerda vagamente a lo que era. El hielo ha hecho su trabajo con honestidad: ha enfriado tu bebida y ha diluido la mitad de su sabor.

Casi en todas las neveras hay una cubitera. Y casi siempre la usas en vano, llenándola con simple agua del grifo. Si te paras a pensarlo, es una de las herramientas más infravaloradas de tu cocina.

Molde de silicona sobre la mesa con cubitos de hielo de colores hechos de frutos rojos, café, coco y pepino.

Molde de silicona con preparaciones de hielo con sabor: cubitos de café, coco, frutos rojos y vegetales que te ayudarán a enfriar tus bebidas sin perder intensidad.

Por qué el hielo con sabor es mejor que los típicos cubitos de agua

Un cubito de hielo sabe hacer dos cosas a la vez: enfriar y derretirse. El problema es que se derrite dentro de tu bebida, no al lado. Si dentro tiene agua, a tu vaso irá agua. Si dentro tiene café, zumo, caldo o puré, a tu vaso irá puro sabor.

De aquí surge una idea muy sencilla: te recomiendo que no congeles agua, sino aquello que no quieres sacrificar. Podemos llamarlo hielo con sabor. No aguará tu bebida ni tu plato: a medida que se derrite, el sabor se vuelve más intenso. En un café con hielo aparece más café, en una limonada aparece fruta, y en tu plato de pasta, un buen caldo.

Tiene otro beneficio muy práctico. Siempre te sobran pequeñas cantidades que no dan para un plato entero y da pena tirar: una cucharada de leche de coco en el fondo de la lata, medio vaso de caldo concentrado, unas ramitas de eneldo, un cuarto de limón. Por separado, casi todo esto acaba en la basura. Pero en una cubitera, se convierte en un fondo de despensa que esperará su momento durante semanas.

Hielo para café y té: cómo conservar el sabor de tus bebidas

Frío sin perder intensidad

Empecemos por la mayor decepción del verano: el café frío.

Prepara tu café como siempre, déjalo enfriar, viértelo en la cubitera y mételo al congelador. A partir de ahora, puedes montarte un iced latte en cuestión de segundos: espresso, leche (o agua) y tus cubitos de café. La bebida se enfría, pero la intensidad sigue siendo exactamente la misma. Al llegar al fondo del vaso no tendrás un aguachirle pálido: se derrite el concentrado y tu café se vuelve un poquito más sabroso.

Con la leche puedes hacer justo lo contrario. Congela leche y echa esos cubitos en un espresso muy caliente o en un cacao: es la forma más rápida de enfriar tu bebida sin aguarla. Con las bebidas vegetales funciona un pelín peor. Las de avena o almendra a veces se cortan un poco al descongelarse. En el sabor apenas lo notarás, pero si remueves el cubito en un vaso transparente verás unos pequeños copos. En un café con espuma ni siquiera se aprecian.

La leche de coco merece una mención aparte. Se congela de maravilla, se derrite despacio y tiene un sabor graso y ligeramente dulce. Un solo cubito en tu café matutino te dará esa textura sedosa por la que sueles pagar un extra en las cafeterías. Esos mismos cubitos van genial en smoothies y cócteles tropicales donde necesitas coco, pero no te apetece abrir una lata entera.

Especias y concentrados

El hielo especiado te permite envasar el aroma de antemano.

Calienta agua en un cazo con canela, anís estrellado, cardamomo y una tira de piel de naranja durante unos 10 minutos, pero sin que llegue a hervir. Déjala enfriar, cuélala y viértela en el molde. Te aconsejo echar estos cubitos en tu café frío, en un té negro helado o en un ponche. A medida que se deshacen, van soltando el toque especiado poco a poco: tu bebida no te satura de golpe, sino que los matices aparecen a mitad del vaso.

Yo siempre tengo hielo de jengibre en la nevera. Ralla jengibre fresco, exprime su zumo, mézclalo con zumo de lima y un poquito de agua, y congélalo. Un solo cubito en una taza de agua hirviendo y tienes lista una infusión caliente de jengibre, sin ensuciar ralladores ni mancharte los dedos. Si preparas limonada casera, este cubito le aporta un punto picante y vibrante que los polvos secos jamás conseguirán.

Vaso de iced latte frío con hielo de café, leche, ramas de canela y anís estrellado sobre la mesa.

Café iced latte frío, preparado con hielo de café y decorado con especias. Con esta receta, tu bebida mantendrá toda su fuerza hasta el último trago.

Hielo con sabor para agua y limonadas caseras

Frescor vegetal

No todo lo que congelas tiene que ser dulce.

Un pepino triturado en la batidora y vertido en la cubitera hará que tu agua con gas esté mucho más fría, verde y refrescante, sin añadir ni una pizca de azúcar. Este mismo hielo de pepino se lo puedes echar a una sopa fría o a un cóctel sin alcohol: aporta mucho frescor sin agua sobrante. Una ramita de eneldo picada y mezclada con agua funciona igual de bien: las hierbas congeladas no se marchitan ni se oscurecen como en la nevera.

El hielo salado de limón juega en otra liga. Mezcla zumo de limón, agua y una pizca de sal, y al congelador. En plena ola de calor, cuando tienes sed a todas horas y el agua normal te aburre, este cubito la transforma por completo: la sal le quita la insipidez y el limón refresca. Después de un largo paseo o de entrenar al sol, el agua con un ligero toque de sal entra mucho mejor. No te prometeré batir récords deportivos con ella, pero te aseguro que ese vaso te lo beberás con muchísimas más ganas.

Hielo frutal y frutos rojos para tus bebidas

Aquí entra en juego la estética.

Las frutas del bosque enteras (frambuesas, grosellas, arándanos) atrapadas dentro de un cubito transparente hacen dos cosas a la vez: mantienen el frío y van soltando color y sabor muy lentamente. La frambuesa tiñe el agua de un rosa pálido precioso al final del vaso, y visualmente es espectacular.

Las uvas congeladas funcionan de otra manera. Lava unas uvas grandes, sécalas bien, mételas sueltas en una bandeja al congelador y luego guárdalas en una bolsa. Sustituyen al hielo tradicional por completo: enfrían tu copa de vino blanco o tu agua y no diluyen ni una sola gota. Al terminar la bebida, te las puedes comer semicongeladas como si fueran un pequeño sorbete.

El puré de sandía congelado en la cubitera es un salvavidas rápido para los días de más calor. Tritura la pulpa, cuélala para quitar las pepitas si quieres, y congélala. Estos cubitos son ideales para una limonada, una sangría o simplemente agua fría, tiñéndola de un tono rosa totalmente veraniego.

Si quieres ponerte elegante, rellena tu cubitera por capas: primero pon un poco de puré de fresa y deja que cuaje, luego mango, y después kiwi. Congela capa por capa, poco a poco. En tu copa, este cubito parece un postre en miniatura y se derretirá también por fases.

Hielo vistoso para la jarra

Un hielo transparente que esconda en su interior una hoja de menta, una tira fina de cítrico o una frambuesa queda superaparente en una jarra sobre la mesa. Hacer hielo perfectamente transparente en casa no es tarea fácil. La turbidez en el centro del cubito aparece por el aire atrapado y los minerales disueltos: son los últimos en congelarse. Para conseguir un hielo totalmente cristalino hay que usar un método de congelación direccional aislando el recipiente, de modo que las impurezas vayan al fondo. Sinceramente, para una comida diaria es demasiado jaleo. Para tu jarra de casa, es mejor conformarse con un ligero tono mate o usar agua filtrada y congelarla más despacio: quedará más limpia, aunque no sea de exposición.

Lo que nunca falla son los cubitos grandes. Cuanto mayor es la pieza de hielo, menor es su superficie respecto a su volumen, por lo que tardará mucho más en derretirse. Un buen bloque de hielo con una rodaja de limón o una rama de romero enfriará tu jarra un buen rato y, además, te servirá como decoración sin gastar de más.

Jarra y vaso de cristal con agua y hielo que contiene frutos rojos, rodajas de pepino y hojas de menta.

Jarra transparente con agua y cubitos de hielo grandes que esconden frutas frescas, rodajas de pepino y hierbas; una forma muy estética de servir bebidas en un día caluroso.

Hielo culinario: desde bases para guisos hasta salsas

Para cócteles picantes y sopas

Tritura unos tomates maduros, añade sal y unas gotitas de tabasco, y a la cubitera. Este hielo de tomate te sirve de base rápida para un gazpacho o como elemento estrella en un Bloody Mary: enfría tu cóctel y le da textura en lugar de aguarlo con el hielo derretido.

Para ese mismo Bloody Mary, te irá de perlas un hielo de salmuera. El líquido de los pepinillos o las aceitunas que sueles tirar, congélalo en dados pequeños. Echa un par de ellos en la copa y tu cóctel tendrá esa acidez salina por la que suspiran los mejores bármanes.

Los cubitos de zumo de limón con su ralladura te sacarán de más de un apuro diario. Y no solo sirven para el té. Échale uno a la sartén cuando estés terminando un pescado, o a una salsa que pide a gritos un poco de acidez: el limón refrescará tu plato en el momento justo, sin tener que ensuciar exprimidores ni ralladores.

Fondo de armario para platos calientes

Tu congelador puede funcionar como una prolongación de tus fogones.

Si has hecho un buen caldo concentrado, no tires lo que sobre. Redúcelo un poco más, déjalo enfriar y viértelo en la cubitera. Estos cubitos de caldo casero (los de verdad, no los del súper llenos de sal y glutamato) son magia pura para salsas, risottos o guisos de carne. Un solo cubito le da una profundidad instantánea a ese plato donde un chorrito de agua solo habría restado sabor. Una regla importante de seguridad: deja enfriar siempre el caldo antes de congelarlo, nunca metas cosas calientes en la nevera.

El aceite de oliva con hierbas se convierte en un bloque aromático estupendo si lo congelas en minicubiteras. Mezcla tu aceite con ajo picado, tomillo o romero fresco, rellena los huecos y al frío. Verás qué delicia si tiras uno de estos cubitos directamente sobre una pasta muy caliente o unas verduras recién hechas: se derrite ante tus ojos, fluye y suelta todo su aroma de golpe, como si acabaras de picar las hierbas. El aceite, por cierto, no llega a ser hielo duro, sino que se queda en una masa suave muy fácil de desmoldar si usas silicona.

Sartén con pasta caliente y verduras sobre las que se deshace un cubito congelado de aceite de oliva con hierbas.

Un cubito culinario de aceite de oliva, ajo y finas hierbas derritiéndose sobre una pasta muy caliente con verduras, soltando al instante todo su aroma para rematar tu plato.

Cómo congelar el hielo con sabor correctamente

Unas reglas de oro para ahorrarte disgustos.

Para el hielo con sabor, te aconsejo usar moldes de silicona en lugar del típico plástico duro. Con la silicona, el cubito con la frambuesa o la hierba sale con solo presionar un poco la base. En los de plástico tienes que hacer palanca, rompiendo el hielo y destrozando su interior.

En cuanto tus hielos con sabor estén sólidos, pásalos rápidamente a una bolsa con cierre zip y ponles una etiqueta. El hielo descubierto en el congelador absorbe los olores que da gusto. Si dejas tus cubitos de café una semana al lado de unas gambas o pescado, te aseguro que acabarán oliendo a mar y ya no tendrán remedio.

Y, por favor, mantén tus potenciadores separados. Diferenciar un hielo de tomate de uno de café cuando están congelados es una tarea casi imposible, y confundirlos a las seis de la mañana preparándote el desayuno es más fácil de lo que parece.