La galette vegana de frutos rojos es un ejemplo maravilloso de cómo, con los ingredientes vegetales más sencillos, puede nacer un postre exquisito. Una masa quebrada fina y crujiente, a base de aceite vegetal y miel, enmarca a la perfección un relleno jugoso donde la frambuesa aromática se encuentra con la fresa silvestre. La galette, como tipo de tarta rústica abierta, nos llega de la cocina de campo francesa, donde se valora la naturalidad y la ausencia de formas estrictas. Mientras se hornea, el aroma especiado de la canela y del jugo de los frutos rojos inunda la casa, convirtiendo la hora de la merienda en una verdadera fiesta de sabores.

Una galette crujiente con un jugoso relleno de frutos rojos: el postre ideal elaborado con ingredientes muy sencillos.
Ingredientes para la masa
- 80 g de aceite de colza
- 80 g de agua
- 15 g de sirope de agave o arce (o miel)
- 235 g de harina de trigo
- 1/2 cucharadita de levadura química
- una pizca de sal
- vainilla al gusto
Ingredientes para el relleno
- 200 g de frutos rojos (frambuesas, fresitas o grosellas)
- 20 g de fécula de patata (almidón)
- 50 g de azúcar
- canela y azúcar glas
Cómo preparar la galette vegana de frutos rojos
Preparamos la masa. Mezcla los ingredientes líquidos: el agua y el aceite de colza. Añade la miel (o sirope si prefieres) y una pizca de sal fina para equilibrar los sabores. Sirve cualquier aceite refinado: de maíz, girasol, oliva suave, etc. Si la miel está muy espesa, caliéntala al baño maría unos minutos hasta que se funda.
Remueve los ingredientes líquidos, incorpora la harina, la levadura química y añade vainilla al gusto. Para que la levadura y la vainilla en polvo se distribuyan uniformemente, te aconsejo mezclar primero los ingredientes secos en un bol aparte con unas varillas y luego integrarlos a los líquidos.

Añadimos los ingredientes secos. Mezclar previamente la harina con la levadura ayudará a que la masa suba de forma uniforme.
Primero, mezcla la masa con una cuchara. Luego, pásala a la mesa de trabajo y amasa durante unos minutos hasta obtener una textura homogénea. No es recomendable amasar en exceso este tipo de masa quebrada, ya que no queremos desarrollar el gluten. Con 2 o 3 minutos es suficiente. Puedes guardar la masa lista en la nevera y preparar la tarta unas horas después. No olvides envolverla en film transparente para que no se le forme costra.
Engrasa el rodillo con un poco de aceite. Estira la masa hasta formar un círculo de aproximadamente medio centímetro de grosor. Coloca la masa estirada en un molde redondo o directamente sobre la bandeja del horno; la forma de la galette puede ser rústica. Alisa la masa y levanta un poco los bordes para crear una pequeña barrera.

Estiramos la masa hasta lograr un grosor de unos 5 mm y formamos unos bordes pequeños para contener el relleno.
Tamiza la fécula de patata (almidón) con un colador para que caiga en una capa uniforme sobre la masa. Espolvorea por encima más o menos la mitad del azúcar. La fécula se mezclará con el jugo que suelten los frutos rojos al hornearse y el relleno quedará espeso, con una textura deliciosa.

La capa de fécula creará una barrera protectora y transformará los jugos en un sirope denso, evitando que la base se moje.
Coloca los frutos rojos frescos en una sola capa. Para esta receta utilizamos frambuesas y fresitas del bosque. Espolvorea el azúcar restante sobre la fruta. Si usas frutos rojos congelados, descongélalos primero y luego sigue con la receta.

Repartimos los frutos rojos uniformemente y espolvoreamos con azúcar. Las frambuesas y fresitas aportan un aroma espectacular.
Dobla los bordes de la masa sobre el relleno, montando unos 3 o 4 centímetros. Hazlo con cuidado para que los jugos que suelte la fruta durante el horneado no se salgan.

Doblamos los bordes hacia dentro. Hazlo con delicadeza para asegurar que el jugo no escape durante el horneado.
Espolvorea el borde de la masa con azúcar y canela molida. Precalienta el horno a 180 grados centígrados. Coloca la bandeja con la galette en el nivel medio del horno y hornea unos 40 minutos, hasta que adquiera un tono dorado.

Horneamos hasta conseguir un tono dorado apetecible. La canela de los bordes aportará un toque especiado muy acogedor.
Retira la galette del horno y déjala enfriar sobre una rejilla. Espolvorea con un poco de azúcar glas y sírvela para acompañar el té o el café.

Dejamos enfriar un poco la galette terminada y la decoramos con azúcar glas para una presentación preciosa.
Para que tu galette luzca aún más espectacular, sírvela ligeramente templada acompañada de una bola de sorbete o un poco de nata de coco montada. El relleno es muy fácil de adaptar a la temporada: en verano utiliza arándanos o cerezas, y en otoño anímate con unas finas láminas de manzana. Los bordes crujientes con el toque de canela crean un contraste fantástico con el centro meloso, haciendo cada bocado irresistible. Si sobra algún trozo, guárdalo en un lugar seco cubierto con papel vegetal para que la masa no pierda su textura. El secreto para que la base no se reblandezca es repartir la fécula de manera uniforme, lo que atrapará el jugo de la fruta. Este truco te servirá para hornear cualquier tarta rústica con rellenos húmedos manteniendo el fondo crujiente y ligero.


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