Las crepes con mermelada no son un simple postre, sino un auténtico símbolo del hogar, un sabor que a muchos nos transporta a la infancia. Usar suero de leche (suero lácteo) en la masa les da una elasticidad espectacular y un sutil puntito ácido que contrasta de maravilla con el dulzor de la mermelada de frutos rojos. El delicado aroma de la mantequilla fundida inunda la cocina mientras las preparas, convirtiendo un día cualquiera en una fiesta. Esta receta une ingredientes humildes con un emplatado elegante, sobre todo cuando los bordes dorados crujen al darles un último golpe de sartén.
Ingredientes
- 300 ml de suero de leche (o leche normal)
- 2 huevos L o 3 pequeños
- 165 g de harina de trigo
- 35 g de mantequilla
- 1/4 cucharadita de bicarbonato de sodio
- 100 ml de agua hirviendo
- 150 g de mermelada de frutas o frutos rojos
- Sal, azúcar y aceite vegetal para freír
- Azúcar glas para decorar
Cómo hacer crepes con mermelada
Vierte el suero de leche (el líquido que sobra al hacer queso fresco o requesón) o leche desnatada en un bol profundo. En esta receta, preparo unas crepes finísimas usando el suero que me sobra al hacer queso casero. Como el suero tiene un toque ligeramente ácido, te recomiendo añadir bicarbonato de sodio a la masa para neutralizar la acidez. Si prefieres hacer las crepes con leche fresca, sáltate el paso del bicarbonato.
Añade 2 cucharaditas de azúcar y media cucharadita de sal. Casca dos huevos grandes enteros.
Bate los ingredientes líquidos con unas varillas hasta que la mezcla esté espumosa y completamente homogénea.
Tamiza la harina de trigo en el bol y espolvorea el bicarbonato de sodio por encima.
Incorpora la mantequilla fundida y ya fría. Si lo prefieres, puedes sustituir la mantequilla por un aceite vegetal de sabor neutro (como el de girasol).
Mezcla la masa con las varillas o con la batidora de mano para asegurarte de que no quede ni un solo grumo de harina. Cubre el bol con papel film y deja reposar a temperatura ambiente entre 20 y 30 minutos.

Remueve hasta que no queden grumos y deja reposar la masa entre 20 y 30 minutos a temperatura ambiente.
Pasada la media hora, vierte el agua hirviendo en la masa, mezcla enérgicamente y ya tienes todo listo para empezar a hacer las crepes.

Vierte el agua hirviendo y mezcla rápidamente: este es el truco para conseguir unas crepes con agujeritos.
Calienta muy bien una sartén antiadherente. Pincela la superficie con una capa fina de aceite vegetal neutro usando un pincel de silicona. Echa un cucharón pequeño de masa, inclina y gira la sartén hasta formar una crepe redonda, fina y uniforme. Cocina a fuego fuerte hasta que los bordes estén dorados por ambos lados.
Apila las crepes una encima de otra formando una torre para que no se enfríen. Te recomiendo cubrirlas con un paño de cocina limpio.

Apila las crepes terminadas en forma de torre. Puedes taparlas con un trapo para conservar el calor.
Cuando se acabe la masa y tengas una buena pila de crepes, toca rellenarlas. Pon una cucharada sopera de tu mermelada de frutas o frutos rojos favorita en cada una, extendiéndola sin llegar a los bordes (deja un margen de unos 2 centímetros).
Dobla las crepes en forma de triángulo, dejando la mermelada en el interior, y colócalas de cuatro en cuatro en una sartén con un poco de mantequilla fundida. Dóralas a fuego medio.
A medida que se doren, vuelve a apilarlas en una fuente.
Justo antes de llevarlas a la mesa, espolvorea un poco de azúcar glas por encima. Están de vicio acompañadas de un vaso de leche o un poco de nata líquida. ¡Que aproveche!
Para que tus crepes con mermelada queden dignas de la mejor cafetería, acompáñalas con algo más que azúcar glas: una bola de helado de vainilla o una buena cucharada de smetana (nata agria espesa) les va que ni pintado. El toque lácteo y ácido de la nata agria realza el sabor de la fruta, y el contraste de temperatura entre el helado y la crepe caliente es espectacular. Si quieres darle un toque más fresco, decora el plato con unos frutos rojos frescos o unas hojitas de menta.
Para los que adoran experimentar, puedes adaptar estas crepes a tu gusto: prueba a añadir un poco de ralladura de naranja o limón a la masa para un toque cítrico. Si no tienes suero de leche a mano, usa sin problema kéfir rebajado con agua o leche entera; lo vital es no saltarse el paso de 'escaldar' la masa con agua hirviendo, que es el secreto para que salgan esos característicos agujeritos en la superficie. Las crepes que te sobren aguantan genial en la nevera: antes de servir, dales un toque rápido en la sartén con mantequilla para devolverles el crujiente y la textura tierna del primer día.











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