El caldo de pollo con puerro y zanahoria es, sin duda, la representación culinaria del calor y el mimo de un hogar. A este plato se le suele llamar la «penicilina judía»: gracias a su alto contenido en colágeno y aminoácidos, ayuda a reconfortar el cuerpo y a recuperarse tras un esfuerzo físico o un resfriado. A diferencia de la cebolla tradicional, el puerro aporta un toque mucho más delicado y ligeramente dulzón, mientras que la zanahoria le da al líquido un precioso color ámbar. Usar muslos de pollo con su piel, junto con los aromáticos tallos de apio, nos permite extraer al máximo los aceites esenciales, convirtiendo un simple caldo en un verdadero elixir gastronómico lleno de matices.

El caldo de pollo casero no solo es delicioso, sino también increíblemente nutritivo. El puerro y la zanahoria le aportan un aroma muy especial.
Ingredientes
- 750 g de muslos de pollo
- 1 puerro
- 1 zanahoria
- Un manojo de perejil y apio frescos
- 4 hojas de laurel
- 1 cucharadita de semillas de hinojo
- 1 cucharadita de granos de pimienta negra
- 4 dientes de ajo
- Sal y agua
Cómo hacer caldo de pollo con puerro y zanahoria
Quita las hojas exteriores y más duras del puerro y corta la raíz. Córtalo por la mitad a lo largo y lávalo bien bajo el grifo para eliminar cualquier resto de tierra o arena entre las capas. Una vez limpio, pícalo finamente y ponlo en una olla grande.

El puerro, bien lavado y picado finamente, se convierte en la base de este aromático caldo de pollo.
Pela la zanahoria y córtala en dados. Añádelos a la olla junto al puerro. Si quieres, también puedes incorporar un trozo de raíz de apio pelada y cortada en juliana.

La zanahoria es imprescindible en este plato. Es la responsable de darle ese precioso tono dorado final al caldo.
Pica finamente un buen manojo de perejil fresco y apio, aprovechando tanto los tallos como las hojas. Incorpóralos al resto de las verduras.

Aprovechar los tallos del perejil y el apio nos permite extraer sus aceites esenciales y todo el sabor durante la cocción.
Lava bien los muslos de pollo y ponlos sobre las verduras. No les quites la piel; déjala para que suelte todo su sabor y nutrientes, ya que aporta mucho más que solo colágeno. Si quieres desgrasar el caldo después, es muy fácil: déjalo enfriar un poco una vez colado y pon un par de servilletas de papel en la superficie; la grasa se pegará a ellas y tendrás un caldo mucho más ligero.

Los muslos de pollo son ideales para hacer un buen caldo. La piel aportará todo ese colágeno tan beneficioso para la salud.
Añade unas hojas de laurel, las semillas de hinojo y los granos de pimienta negra. Chafa los dientes de ajo con la hoja del cuchillo, sin pelarlos, y échalos también a la olla. Salpimienta a tu gusto.

Las semillas de hinojo y los ajos machacados sin pelar crean el inconfundible perfil aromático de este plato reconfortante.
Llena la olla con agua fría. Para esta receta, utilizamos una olla con capacidad para 2,5 litros.

Empieza siempre a cocinar el caldo con agua fría para que los jugos de la carne y las verduras se integren poco a poco.
Pon la olla al fuego y llévala a ebullición. En cuanto veas que se forma espuma en la superficie, retírala con cuidado usando una espumadera, intentando no llevarte las verduras. Cuando empiece a hervir, baja el fuego al mínimo para que el caldo burbujee muy suavemente. Tapa la olla dejando una pequeña abertura para que salga el vapor.

El mayor secreto para lograr un caldo cristalino es evitar que hierva de forma violenta y retirar la espuma a tiempo.
Deja cocer a fuego lento durante 1 hora y 30 minutos. El secreto para que el caldo quede transparente es evitar que hierva a borbotones. El puerro y la zanahoria le darán un precioso tono dorado, ¡y olerá de maravilla!

Tras una hora y media cociendo a fuego lento, el caldo adquiere un apetecible color ámbar y un sabor profundo.
Cuela el caldo ya listo con un colador fino o una estameña. Sirve un buen plato hondo, pon un muslo de pollo sin piel y, si te apetece, añade un poco de la zanahoria cocida y perejil fresco picado por encima. ¡Que aproveche!

Sirve el caldo bien caliente y acompáñalo en el plato con un trozo de pollo tierno y un poco de perejil fresco picado.
Lo ideal es servir este caldo de pollo con puerro y zanahoria muy caliente, acompañando el plato con un trozo de carne tierna y un puñado de perejil recién picado. Si buscas una comida más contundente, añádele un poco de pasta de sopa o unos fideos caseros. Para conservarlo, cuélalo siempre por un colador muy fino o una malla para retirar cualquier resto de especias y verduras; en la nevera aguantará en perfectas condiciones hasta tres días, y su sabor se volverá aún más intenso. No tires las verduras que te sobren tras colar el caldo, ya que han absorbido todos los jugos de la carne. Retira el laurel y los granos de pimienta, y transfórmalas en una crema espesa: solo tienes que añadir un par de cucharadas de copos de avena, un poco del caldo, cocer unos minutos y triturarlo todo con la batidora. La zanahoria cocida de esta receta también te puede servir de guarnición si la salteas un poco en la sartén con mantequilla y una pizca de tomillo. Así, con una sola preparación, conseguirás sacar el máximo partido a tus ingredientes.
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