La tarta invertida de manzana y canela es una verdadera oda al otoño y a la calidez del hogar, inspirada en la clásica Tarte Tatin francesa. En esta receta, las manzanas no son un simple relleno, sino que se convierten en las absolutas protagonistas, adquiriendo un brillo ambarino y un sabor profundo e intenso durante la caramelización. El aroma especiado de la canela, combinado con el toque fresco de la ralladura de limón, inundará tu cocina mucho antes de que saques el molde del horno. El gran encanto de este plato reside en el contraste de texturas: una fruta tierna, casi cremosa por encima, y una base fina y crujiente de masa quebrada por debajo, que al dar la vuelta se convierte en los cimientos perfectos para esta delicia gastronómica.

Esta tarta invertida con manzanas y caramelo se convertirá en tu postre favorito. Sírvela caliente para disfrutar plenamente del aroma a canela.
Ingredientes para la masa
- 150 g de harina de trigo
- 1 huevo
- 50 g de azúcar
- 70 g de mantequilla
- ralladura de 1 limón
Ingredientes para el relleno
- 800 g de manzanas
- 100 g de mantequilla
- 60 g de azúcar
- canela molida
- zumo de 1 limón
Elaboración de la tarta invertida de manzana y canela
Corta las manzanas, quítales el corazón y pélalas. Córtalas en gajos gruesos, tal como se ve en la foto, y rocíalas con zumo de limón recién exprimido.

Para esta tarta es mejor elegir variedades de manzana agridulces, que mantengan bien su forma al cocinarse.
Prepara la masa. Pon en un bol la harina de trigo y el azúcar. Añade la ralladura de un limón y la mantequilla fría cortada en dados. Frota los ingredientes secos con la mantequilla hasta obtener una textura arenosa y añade el huevo.

Mezclamos la harina con la mantequilla fría hasta formar migas y luego añadimos el huevo para lograr una masa homogénea.
Amasa bien, forma una bola grande con la masa, cúbrela con film transparente y déjala reposar en la nevera durante 30 minutos. También puedes meterla en el congelador unos 15 minutos.

Antes de estirarla, la masa quebrada necesita reposar en la nevera para que sea más fácil de manejar.
Derrite la mantequilla en una sartén de fondo grueso de unos 22-25 centímetros de diámetro.
Echa el azúcar en la mantequilla derretida y añade 1/2 cucharadita de canela molida. Reserva 2-3 cucharadas de azúcar para las manzanas. Calienta el caramelo a fuego lento hasta que el azúcar se disuelva por completo.

En este paso mezclamos la mantequilla y el azúcar, que al calentarse se transformarán en un espeso caramelo dorado.
El caramelo estará listo cuando adquiera un tono marrón claro y hierva de manera uniforme. Presta mucha atención: si te pasas de temperatura, el caramelo se quemará y tendrás que tirarlo.

Es crucial no pasarse de tiempo con el fuego: en cuanto el caramelo tenga un color ámbar y un olor característico, añade las manzanas.
Coloca los gajos de manzana en la sartén en forma de abanico, cubriendo el fondo por completo. No te cabrán todas las manzanas, pero les daremos uso más adelante.

La primera capa de manzanas será la parte superior de la tarta, así que colócalas bien juntas y con mucho cuidado.
Corta los gajos sobrantes en dados, échalos en la sartén y espolvoréalos con el azúcar reservado. Así matamos dos pájaros de un tiro: la tarta quedará preciosa por encima y tendrá mucha manzana. Cocina las manzanas en el caramelo a fuego lento durante 15 minutos y deja que se enfríen un poco.
Saca la masa de la nevera y estírala sobre una tabla espolvoreada con harina hasta formar una lámina fina, un poco más grande que el diámetro de la sartén.

Estira la masa dejándola muy fina, intentando formar un círculo un poco más grande que el molde donde vayas a hornear.
Cubre las manzanas con la masa y remete los bordes con cuidado por todo el contorno. Pincha la masa varias veces con un tenedor. En este paso tienes que actuar rápido, ya que la masa quebrada se derrite enseguida sobre el relleno caliente.

Es necesario pinchar con un tenedor para que salga el exceso de vapor y la masa no se infle durante la cocción.
Precalienta el horno a 180 grados Celsius. Mete la tarta en el horno precalentado y hornea durante unos 25-30 minutos. Te aconsejo guiarte por el olfato: no dejes que huela a caramelo quemado. Una tarta en su punto huele de maravilla y la masa adquiere un tono dorado claro.

Deja reposar la tarta unos minutos al sacarla del horno para que el caramelo coja consistencia antes de desmoldar.
Saca la tarta del horno y busca un plato del diámetro adecuado. Pon el plato sobre la sartén y dale la vuelta a la tarta con un movimiento rápido y seguro. Si todo ha salido bien, el resultado superará tus expectativas: los gajos de manzana caramelizados y translúcidos estarán perfectamente ordenados, el aroma será increíble y debajo te esperará una deliciosa base crujiente de masa quebrada.

¡El momento de la verdad! Damos la vuelta a la sartén y descubrimos un postre espectacular con manzanas brillantes.
Cuando la tarta invertida de manzana y canela se enfríe un poco, su sabor estará aún más equilibrado y el caramelo logrará esa textura untuosa perfecta. Para convertir este postre casero en un plato digno de restaurante, sírvelo caliente, acompañado de una bola de helado de vainilla o una cucharada de nata montada espesa sin azúcar. El contraste del helado frío con el caramelo caliente creará ese efecto único por el que las tartas de manzana son tan valoradas en todo el mundo.
Si te sobra algún trozo después de la merienda, guárdalo en la nevera bien tapado para que la masa no absorba olores. Al día siguiente, puedes calentar la tarta invertida ligeramente en el horno o en el microondas; así le devolverás la suavidad al caramelo y el crujiente a la base. También puedes experimentar con otras versiones, sustituyendo parte de las manzanas por peras firmes o añadiendo un puñado de nueces picadas para darle un toque extracrujiente.


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