Los syrniki de tvorog (queso fresco granulado) casero son las mejores y más deliciosas tortitas de queso que probarás en tu vida. No es ningún secreto que la calidad de los syrniki depende directamente del queso. Existe el mito de que el queso amargo o pasado sirve para esta receta, ¡y es un error absoluto! Un producto en mal estado va a la basura. Con un tvorog fresco y bien hecho conseguirás unos syrniki gorditos, esponjosos y tiernos, que no se hinchan en exceso ni se desmoronan en la sartén, y que apenas llevan harina. Sí, la preparación requiere tiempo, pero el resultado es medio kilo de un queso artesanal incomparable con el del supermercado.

Unos syrniki dorados y tiernos hechos con tvorog casero recién preparado son el comienzo ideal del día para toda la familia.
Ingredientes para el tvorog casero
- 1 l de leche entera (3,2 % de materia grasa)
- 1 l de kéfir (leche fermentada, 3,2 % de materia grasa)
Ingredientes para los syrniki
- 250 g de tvorog casero (queso fresco granulado)
- 1 huevo
- 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
- 1 cucharada de harina de trigo (más un extra para rebozar)
- 2 cucharaditas de ralladura de limón
- 1 cucharadita de azúcar
- una pizca de sal y aceite vegetal suave para freír
Cómo preparar syrniki de tvorog casero
Vamos a preparar el tvorog (queso fresco granulado tradicional). Calienta la leche a 45 °C. Vierte el kéfir (leche fermentada) y mezcla bien. Tapa el recipiente y déjalo reposar en un lugar cálido durante 5-6 horas. En este tiempo, debe formarse una masa densa separada del suero. Pasa esta masa a un colador forrado con gasa o un paño fino. Cuando el suero escurra, cuelga el queso sobre una olla durante 10-15 horas, o un día entero si prefieres un tvorog más seco.

El tvorog casero resulta especialmente tierno. Para los syrniki, es mejor utilizar un producto moderadamente seco.
Separa 250 g de tvorog, añade un huevo, una pizca de sal fina, el azúcar y el extracto de vainilla.

Empieza la preparación de la masa mezclando el queso con el huevo, el azúcar y una pizca de sal hasta que quede homogénea.
Mezcla muy bien el queso con el huevo y añade una cucharada rasa de harina.

Incorpora la harina poco a poco. Es vital no pasarse para que los syrniki queden ligeros y mantengan el sabor a queso.
Escalda el limón con agua hirviendo, lávalo minuciosamente y ralla la piel con un rallador fino. Incorpora la ralladura a la masa y mezcla bien. También puedes echar un par de cucharaditas de zumo de limón, aumentando en ese caso el azúcar a una cucharada entera.

La ralladura de limón aporta un aroma fresco e inconfundible que combina a la perfección con la vainilla.
Espolvorea una tabla de cortar con harina y coloca encima porciones de masa de unos 25-30 g. Si quieres hacer unos syrniki sin gluten, sustituye la harina de trigo por harina de arroz o almidón de patata.
Forma bolitas con la masa, rebózalas ligeramente en harina y aplástalas un poco entre las palmas de las manos para darles forma de discos gruesos.
Calienta una sartén de fondo grueso y vierte un poco de aceite vegetal de sabor neutro. Coloca los syrniki enharinados en el aceite caliente, dejando espacio suficiente entre ellos.

Coloca las porciones en la sartén caliente, dejando espacio entre ellas para poder darles la vuelta con comodidad.
Fríelos a fuego lento hasta que adquieran un bonito color dorado por ambos lados. Con 2 minutos por cada lado será suficiente.

Fríelos hasta que se forme una apetitosa costra dorada. A fuego lento, esto te llevará unos 2 minutos.
Pasa los syrniki ya fritos a un papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. Sirve estas delicias de tvorog casero con mermelada o bayas frescas, y ponles por encima un poco de smetana (crema agria) o nata. ¡Que aproveche!

Pasa los syrniki ya fritos a papel absorbente para retirar el exceso de grasa antes de llevarlos a la mesa.
Los syrniki de tvorog casero son un clásico reconfortante que encanta especialmente a los más pequeños por su textura suave y sus ingredientes naturales. Para una presentación de diez, sírvelos con una cucharada de smetana (crema agria) bien fría, decorados con una ramita de menta fresca o un puñado de bayas de temporada. Si decides preparar más queso del necesario, ten en cuenta que se conserva perfectamente en la nevera hasta tres días dentro de un recipiente hermético, sin perder su delicada textura.
Para conseguir el mejor resultado, utiliza una sartén de fondo grueso: garantizará un reparto uniforme del calor y esa codiciada costra dorada sin llegar a quemarse. Si notas la masa demasiado húmeda, no corras a saturarla de harina; es mejor dejarla reposar unos 10 minutos para que los ingredientes se asienten. Estos pequeños trucos culinarios te permitirán conservar toda la jugosidad en el interior, convirtiendo una comida normal en un auténtico placer gastronómico para toda la familia.


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