Las tortitas esponjosas de levadura (conocidas como oladyi) son un símbolo culinario de confort hogareño, un recuerdo de la infancia para muchos en el este de Europa. A diferencia de las versiones rápidas elaboradas con kéfir (una leche fermentada), la base de levadura requiere tiempo y un control cuidadoso de la temperatura, pero el resultado compensa cada minuto de espera. A medida que la masa se satura de dióxido de carbono durante su doble fermentación, adquiere una estructura porosa única que, al freírse, se transforma en una miga tierna y elástica. El aroma de la masa recién hecha, mezclado con las notas de la mantequilla derretida, crea al instante la atmósfera perfecta para una mañana de domingo sin prisas, donde el único objetivo es disfrutar del momento.

Tortitas doradas y perfectamente esponjosas, listas para convertirse en el mejor desayuno para toda la familia.
Ingredientes
- 150 g de harina de trigo
- 165 ml de leche
- 1 huevo
- 15 g de azúcar
- 15 g de aceite vegetal
- 1/2 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de levadura seca de panadería
- aceite para freír
- mantequilla para servir
Cómo hacer tortitas esponjosas de masa con levadura
Tamiza la harina de trigo en un bol a través de un colador fino para oxigenarla. Añade a la harina una cucharadita rasa de levadura seca de panadería. Mezcla la harina con la levadura. Si utilizas levadura seca tradicional (no de acción rápida), deberás ‘despertarla’ previamente: mézclala con leche tibia y déjala reposar a temperatura ambiente durante 20-30 minutos.
Casca un huevo en otro bol. Añade el azúcar y la sal.
Bate el huevo con el azúcar y la sal hasta que los cristales se disuelvan por completo. No hace falta montar el huevo hasta que haga espuma, solo mezclarlo bien.
Vierte la leche. Si lo prefieres, puedes mezclar la leche con agua a partes iguales o preparar la masa usando únicamente agua.
Incorpora el aceite o la mantequilla derretida y ya fría. Si optas por aceite vegetal, utiliza uno neutro, como el de girasol, que no aporte sabor.
Mezcla los ingredientes secos con los líquidos: echa la harina con la levadura en el bol de los líquidos. Remueve la masa con una cuchara; la masa para estas tortitas es imposible de amasar a mano, pero puedes ayudarte de unas varillas eléctricas o un robot de cocina si lo prefieres.
Bate la masa hasta que quede bien homogénea, durante unos 7-10 minutos.
Cubre el bol con una tapa o papel film y déjalo reposar en un lugar cálido y sin corrientes de aire durante unas 2 horas y 20 minutos. Pasada más o menos una hora, la masa se llenará de burbujas y aumentará su volumen. Vuelve a removerla con una cuchara y déjala en el mismo lugar cálido para que suba por segunda vez.
Pon una sartén de fondo grueso al fuego. Caliéntala muy bien (unos 5 minutos). Con la ayuda de un pincel de silicona o media patata clavada en un tenedor, engrasa la superficie con un aceite vegetal neutro. Pon porciones de masa usando una cuchara sopera, calculando una cucharada por tortita. Fríelas por un lado a fuego fuerte hasta que adquieran un color dorado.

Echa la masa con una cuchara en la sartén caliente y espera a que aparezcan las características burbujas.
Cuando veas que los bordes de la masa cruda empiezan a cuajarse formando una pequeña película, dales la vuelta a las tortitas y fríelas por el otro lado.

Da la vuelta a las tortitas cuando los bordes estén cuajados y fríe hasta que luzcan un tono apetitoso.
Retira las tortitas de la sartén. Apílalas y coloca un trocito de mantequilla entre cada una para que se funda con el calor.
Con las cantidades indicadas en la receta, te saldrán entre 15 y 20 tortitas, a no ser que alguien en casa empiece a robártelas directamente de la sartén.
La textura que consiguen estas tortitas esponjosas de levadura les permite absorber a la perfección cualquier acompañamiento. Tradicionalmente se sirven muy calientes, coronadas con una generosa cucharada de smetana (nata agria gruesa), miel de tilo o mermelada de frambuesa casera. Si buscas un toque más sofisticado, prueba a acompañarlas con una bola de helado de vainilla o caramelo salado: el contraste de temperaturas y sabores convertirá este desayuno tradicional en un postre de altura. Si te sobran tortitas, se conservan estupendamente para el día siguiente. Simplemente, cúbrelas con un plato y guárdalas en la nevera. Antes de servirlas, dales un toque de calor en una sartén sin aceite con la tapa puesta o en el microondas; así recuperarán su ternura original. Para los más atrevidos, antes de freírlas puedes añadir a la masa trocitos de manzana o uvas pasas, aportando así jugosidad y nuevos matices de textura a cada bocado.










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