Tomates troceados en su propio jugo para el invierno

Los tomates troceados en su propio jugo para el invierno no son una simple conserva, sino una auténtica inversión culinaria para esas cenas reconfortantes cuando hace frío. En pleno invierno, el aroma de abrir un tarro de tomates maduros te transporta al instante a los calurosos días de agosto, llenando tu cocina de frescura y luz. Los italianos tienen toda la razón: para salsas y sopas es mil veces mejor utilizar tomates madurados al sol que hortalizas de invernadero desabridas. Esta receta conserva todo el dulzor y la textura firme de la pulpa, convirtiéndose en la base perfecta para una boloñesa, una sopa shchi (sopa tradicional eslava de col) o salsas sabrosas para acompañar carne.

Preparación: 40 minutos
Cocción: 30 minutos
Cantidad: 2 Piezas
Por porción
Calorías: 180 kcal
Proteínas: 6.1 g
Grasas: 1.4 g
Carbohidratos: 41.4 g

Ingredientes

  • 1,35 kg de tomates rojos
  • 20 g de sal
  • 30 g de azúcar
  • 15 ml de vinagre al 9%

Cómo preparar tomates troceados en su propio jugo para el invierno

Para esta conserva, utiliza tomates rojos o rosados bien maduros, sin daños ni signos de deterioro. Puedes aprovechar los que estén un poco pasados para el zumo. Lava los tomates y sumérgelos en una olla con agua hirviendo. El tiempo de escaldado varía entre 20 segundos y un par de minutos, dependiendo de la variedad, el grosor de la piel y el grado de madurez. Pásalos rápidamente a un bol con agua fría y déjalos unos minutos.

Escaldando tomates frescos en una olla con agua caliente

Escaldar los tomates en agua hirviendo ayuda a quitar la piel rápidamente y sin esfuerzo, manteniendo la pulpa intacta.

Haz un corte en forma de cruz en la base de los tomates y pélalos; verás que la piel sale fácilmente, como si fuera una camisa. Pela todos los tomates de esta forma, incluidos los que destinarás al zumo.

Tomates pelados enteros sobre una tabla de cortar

Después del baño en agua helada, la piel se desprende muy fácilmente, dejando a la vista solo la tierna y jugosa pulpa.

Corta los tomates pelados por la mitad, retira el pedúnculo y, si lo prefieres, quítales también las semillas.

Cortando tomates pelados en trozos regulares

Prepara los tomates retirando el pedúnculo y cortándolos en trozos de un tamaño cómodo para meter en el tarro.

Prepara los tarros: con las cantidades indicadas en la receta, te saldrán 2 botes de 500 ml de capacidad. Lávalos bien a conciencia y enjuágalos con agua hirviendo. Coloca los tarros sobre una rejilla y mételos en el horno. Caliéntalo a 100 grados Celsius y sécalos durante 10 minutos. Hierve las tapas para esterilizarlas.

Tarros de cristal y tapas limpios recién esterilizados

Es imprescindible lavar a conciencia y esterilizar los tarros en el horno para que la conserva dure mucho tiempo.

Trocea los tomates pelados en trozos pequeños y llena los tarros hasta llegar al cuello (los hombros del bote).

Trozos de tomate crudo rellenando los tarros de cristal

Llena los tarros con los trozos de tomate preparados hasta llegar justo al inicio del cuello.

Pon el resto de los tomates en un cazo, añade el azúcar y la sal común sin aditivos.

Tomates en un cazo junto al azúcar y la sal

Mezcla la otra parte de los tomates con la sal y el azúcar para preparar un aromático zumo casero.

Tritura las hortalizas con una batidora de mano hasta obtener un zumo de tomate bastante líquido.

Triturando los tomates con una batidora de mano

Tritura los tomates hasta conseguir una mezcla completamente homogénea, la base perfecta, densa y sabrosa para el zumo.

Lleva el zumo a ebullición y cuécelo hasta que deje de hacer espuma (unos 4-5 minutos), luego añade el vinagre al 9%. Al hervir, se formará muchísima espuma que irá bajando poco a poco.

Zumo de tomate hirviendo en un cazo

Lleva el zumo a ebullición y cuécelo durante unos minutos hasta que la espuma desaparezca por completo.

Coloca un paño de cocina limpio en el fondo de una olla grande y pon encima los tarros con los tomates troceados, asegurándote de que los cristales no se toquen entre sí.

Tarros de tomates dentro de una olla grande sobre un paño de tela

Un paño de tela en el fondo protege el cristal del sobrecalentamiento y evita grietas durante la ebullición.

Vierte el zumo de tomate caliente en los tarros con los trozos. Llénalos dejando un centímetro y medio libre hasta el borde del cuello.

Llenando con zumo de tomate caliente los tarros de cristal

Vierte con cuidado el zumo caliente, intentando rellenar todos los huecos libres entre los trozos de tomate.

Cierra los tarros con las tapas esterilizadas, enroscándolas con firmeza. Vierte agua caliente en la olla hasta que llegue a la altura de las tapas. Si utilizas unas pinzas especiales para sacar los botes después, puedes cubrirlos completamente de agua. La temperatura del agua debe ser de unos 40-50 grados Celsius.

Esterilizando los tarros de tomates al baño maría

Esteriliza los tarros en agua hirviendo durante 15 minutos para garantizar la conservación del producto todo el invierno.

Una vez que el agua rompa a hervir, esteriliza los tomates troceados en su propio jugo durante 15 minutos (para tarros de 450-500 ml). Saca las conservas esterilizadas, dales la vuelta poniéndolas boca abajo y cúbrelas. Cuando se enfríen por completo, guárdalas para el invierno en un lugar oscuro y seco.

Tarros de tomate invertidos y tapados con un paño de cocina

Da la vuelta a las conservas listas y déjalas bien tapadas hasta que se enfríen por completo de forma natural.

Los tomates troceados en su propio jugo, preparados con este método, aguantan perfectamente el almacenamiento en el armario de cualquier piso urbano y no requieren una bodega especial. Aunque a algunos les pueda parecer que el azúcar y el vinagre sobran, son precisamente ellos los que garantizan la estabilidad de la conserva, evitando que se eche a perder a temperatura ambiente. Si buscas el sabor más natural posible, elige las variedades de tomate más carnosas: tienen menos semillas y una pulpa más densa que se transforma en un jugo espectacular.

A la hora de servirlos, estos tomates pueden convertirse en un aperitivo exquisito si les añades un poco de ajo muy picado, albahaca fresca y un chorrito de aceite de oliva virgen extra. También serán tu ingrediente secreto para estofar carnes: el ácido del zumo hará que las fibras de la ternera o el cerdo queden increíblemente tiernas. Y no olvides aprovechar el zumo que sobre en el tarro; es un aderezo lleno de vitaminas que supera con creces a cualquier bebida industrial.