La crema de judías verdes es la prueba de que la comida sana puede ser verdaderamente vibrante y llena de sabor. Las judías verdes, conocidas en Europa desde los grandes descubrimientos, se acompañan aquí de patatas nuevas y tierno calabacín. El secreto de esta receta está en tostar previamente las semillas enteras de cilantro y comino; con el calor liberan sus aceites esenciales y llenan la cocina de aromas que recuerdan a un bazar oriental. Esta sopa vegetariana tiene una capacidad increíble para esconder las verduras y transformarlas en una crema sedosa a la que no podrán resistirse ni los pequeños gourmets más exigentes.

Una crema de judías verdes suave y aromática, ideal para una comida ligera. Sírvela con perejil fresco.
Ingredientes
- 400 g de judías verdes
- 300 g de patatas
- 200 g de calabacín
- 3 dientes de ajo
- 1 chile verde fresco
- 1 cucharadita de comino, otra de semillas de cilantro y otra de granos de mostaza
- 25 g de aceite vegetal
- sal al gusto
- agua filtrada
Cómo hacer la crema de judías verdes
Limpia la vaina del chile verde, retira las semillas y recorta la membrana, ya que son las partes más picantes. Chafa los dientes de ajo y pélalos. Pica el chile y el ajo en dados, ponlos en un mortero y añade una cucharadita de sal marina gruesa. Maja todo hasta hacer una pasta. Tuesta el cilantro, la mostaza y el comino durante 2 minutos en una sartén seca muy caliente. Machaca las semillas tostadas en el mortero. En una olla de fondo grueso, calienta aceite vegetal, echa las semillas molidas y la pasta de chile con ajo, y sofríe todo junto durante 1 minuto.
Corta los extremos de las judías verdes y retira la hebra dura que va a lo largo de la vaina. Lávalas bien bajo el grifo.
Raspa las patatas nuevas o lávalas con un estropajo duro; corta las más grandes en varios trozos. Corta las judías en 3 o 4 partes.
Añade las patatas y las judías a las especias sofritas, y pon el calabacín cortado en rodajas finas. No hace falta pelarlo.

Añade a las especias las patatas, las judías y el calabacín cortado fino. No es necesario pelar el calabacín tierno.
Vierte 1 litro de agua hirviendo, lleva la sopa a ebullición y cuece a fuego lento durante unos 40 minutos: la verdura tiene que cocerse mucho para quedar muy tierna.
Tritura la sopa con una batidora de mano hasta obtener una crema fina y homogénea.
A continuación, pasa la crema por un colador fino. Es necesario porque el calabacín puede tener pepitas y las judías, si están un poco maduras, hebras duras. Al colarla se eliminan los restos y se consigue una textura sedosa.

Pasarla por un colador te ayudará a eliminar las pepitas del calabacín y las hebras de las judías, logrando una textura perfecta.
Devuelve la crema a la olla, llévala a ebullición, pruébala y rectifica de sal al gusto, recordando que ya añadiste sal al majar el ajo y el chile.

Esta crema queda increíblemente sedosa. Antes de servirla, dale un último hervor y rectifica de sal.
Sirve la crema de judías verdes en los platos y llévala a la mesa bien caliente.
Para que la crema de judías verdes luzca en tu mesa como en el mejor restaurante, presta atención a los toques finales. Sírvela con picatostes caseros crujientes frotados con ajo, o con un puñado de pipas de calabaza tostadas: aportarán un agradable contraste de texturas a la suave crema. Si no sigues una dieta estricta, un chorrito de nata espesa o una cucharada de queso parmesano rallado al servir harán que el sabor sea aún más refinado y cremoso. La crema sobrante se conserva perfectamente en la nevera hasta dos días, y de hecho su sabor se vuelve más equilibrado. Al recalentarla, añade un par de cucharadas de agua caliente si ha espesado demasiado. Y si tienes ganas de experimentar, prueba a sustituir el calabacín por brócoli o añade un poco de leche de coco para darle un exótico toque asiático. Esta crema de judías verdes es un lienzo en blanco sobre el que puedes dar rienda suelta a tu creatividad culinaria.





0 comentarios