La pasta con berenjenas y pesto es la viva imagen del sol mediterráneo, donde la frescura de las hierbas se une a la contundencia de las verduras. Las berenjenas, una vez libres del exceso de humedad, adquieren al freírlas una textura tierna, casi cremosa, que contrasta a la perfección con la firmeza de la pasta tipo farfalle. Un pesto casero, elaborado con albahaca fresca y el toque picante del ajo, inunda la cocina de un aroma denso y envolvente que abre el apetito antes de sentarse a la mesa. El uso de cacahuetes en lugar de los clásicos piñones aporta un sabor más terrenal y hogareño, convirtiendo una combinación conocida en una original receta de autor.

Una apetitosa pasta con berenjenas y un aromático pesto casero es la opción ideal para una comida rápida y sabrosa.
Ingredientes
- 200 g de pasta (en esta receta usamos lazos o farfalle)
- 300 g de berenjenas
- 50 g de albahaca fresca
- 50 g de cacahuetes tostados
- 40 ml de aceite de oliva de primera presión en frío
- 40 g de queso curado
- 1 diente de ajo
- aceite vegetal para freír
- sal y pimienta al gusto
Cómo preparar pasta con berenjenas y pesto
Preparamos las berenjenas. Corta la verdura en rodajas de aproximadamente medio centímetro de grosor, espolvorea con sal y deja reposar durante 15 minutos. En este tiempo, la sal extraerá la humedad de las berenjenas. Enjuaga la sal con agua fría y seca las berenjenas con papel de cocina. Calienta 2 o 3 cucharadas de aceite vegetal refinado en una sartén, añade las berenjenas y fríelas por ambos lados hasta que estén doradas y tiernas. Fríe la verdura en pequeñas tandas para que no se amontone en la sartén.
Pasa primero las berenjenas fritas a papel de cocina para que absorba el exceso de aceite y luego colócalas en un plato. Tápalo para que no se enfríen.
Hacemos el pesto. Separa las hojas de albahaca fresca de los tallos, añade cacahuetes tostados salados o cualquier otro fruto seco que te guste. Para la clásica salsa italiana se necesita albahaca verde, piñones, queso, aceite de oliva y ajo. Puedes variar los ingredientes, por ejemplo, cambiar los frutos secos por pipas y añadir perejil o rúcula a la albahaca.
Añade a la albahaca y a los cacahuetes el queso curado rallado. En la receta clásica del pesto se usa parmesano, pero puedes elegir cualquier queso de pasta dura con sabor intenso, coge el que tengas a mano.
Incorpora un buen aceite de oliva virgen extra de primera presión en frío.
Pela un diente de ajo, pásalo por un prensaajos, añádelo al resto de los ingredientes del pesto y echa una pizca de sal. Es muy cómodo preparar esta salsa con una batidora o en un procesador de alimentos, aunque antiguamente los ingredientes se majaban a mano en un mortero.
Tritura el pesto durante unos minutos hasta obtener una pasta espesa. El grado de triturado depende de tus gustos; si prefieres una salsa con una textura más rústica, bastará con mezclar de 2 a 3 minutos.
Vierte un litro y medio de agua en una olla, llévala a ebullición y echa sal. Echa la pasta (en esta receta, lazos o farfalle) en el agua hirviendo. Cuece la pasta hasta que esté al dente y escúrrela. Reserva un poco del agua de cocción de la pasta, la necesitaremos para la salsa. Añade el pesto a los lazos junto con un par de cucharadas del agua de cocción y mezcla bien.
Incorpora las berenjenas fritas a la pasta con la salsa.
Sirve la pasta con berenjenas y pesto en un plato, espolvorea con queso rallado, salpimenta al gusto y llévalo a la mesa enseguida.
Para que la pasta con berenjenas y pesto resulte aún más apetecible, sírvela justo después de mezclarla, mientras la salsa conserva su verde vibrante. Una ración extra de parmesano rallado, o cualquier otro queso curado, creará una textura deliciosa e hilante, y unas gotas de buen aceite de oliva virgen extra resaltarán la nobleza de los ingredientes. Si quieres darle nuevos matices al plato, prueba a decorar con unos tomates cherry frescos o un puñado de pipas de girasol tostadas para un toque crujiente.
Puedes guardar las sobras en la nevera en un recipiente hermético hasta el día siguiente; eso sí, recuerda que la pasta absorbe mucha humedad. Al calentarla, añade un par de cucharadas de agua caliente o nata para devolverle a la salsa su cremosidad original. Atrévete a experimentar con las hierbas del pesto: añadir un poco de perejil o rúcula le dará un amargor característico y hará de tu cena algo realmente único.










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