Estas empanadillas de calabacín con queso y requesón te permitirán redescubrir las verduras de temporada cuando ya te hayas cansado de las clásicas tortitas. En esta receta, la jugosa pulpa del calabacín se funde con el queso derretido y el tvorog granulado (queso cottage o requesón granulado), creando un fascinante juego de texturas. Añadir copos de avena hace que la base sea más saciante y consistente, permitiéndole envolver a la perfección el aromático relleno de verduras sofritas y albahaca fresca. Cuando uno de estos paquetitos dorados llega al plato, el sutil aroma de su corteza tostada y las hierbas aromáticas reúne al instante a todos alrededor de la mesa, convirtiendo un desayuno casero en un momento especial.

Estas empanadillas de calabacín son la combinación ideal de una masa tierna y un relleno fundente de queso y requesón.
Ingredientes
- 400 g de calabacines
- 1 huevo
- 50 g de copos de avena
- 35 g de harina de trigo
- 50 g de queso curado
- 100 g de tvorog granulado (queso cottage o requesón granulado)
- 1 cebolla pequeña
- 1 zanahoria
- Sal, pimienta negra y roja
- Albahaca fresca
- Aceite vegetal para freír
- Ajo (opcional)
Cómo preparar empanadillas de calabacín con queso y requesón
Pica la cebolla finamente. Ralla la zanahoria con un rallador grueso. Calienta dos cucharadas de aceite vegetal en una sartén y añade las verduras. Espolvorea la zanahoria y la cebolla con una pizca de sal y sofríe a fuego medio hasta que estén tiernas, unos 7 minutos.
Ralla los calabacines tiernos enteros con un rallador grueso. Si usas calabacines más maduros, pélalos primero, quítales las semillas del centro y ralla solo la pulpa.
Espolvorea los calabacines rallados con sal y mezcla bien para que suelten el agua. Añade copos de avena o cualquier cereal de cocción rápida, incorpora la harina de trigo y casca un huevo.

Añade la avena y la harina a los calabacines; esto ayudará a amalgamar la masa y absorber el exceso de jugo.
Mezcla muy bien la masa de calabacín y déjala reposar a temperatura ambiente entre 5 y 10 minutos para que la avena se hidrate. En pocos minutos, los copos absorberán casi todo el líquido que el calabacín suelta por efecto de la sal.
Prepara el relleno para nuestras empanadillas. Pon en un bol el tvorog granulado (queso cottage o requesón granulado) y añade el sofrito de verduras. Si no tienes este tipo de queso, puedes sustituirlo por queso crema para untar.
Incorpora el queso curado rallado. Separa unas hojas de albahaca fresca del tallo, apílalas, enróllalas y córtalas finamente. Añade la albahaca picada al resto de los ingredientes del relleno.
Salpimienta al gusto con pimienta negra y roja, y mezcla todo muy bien; una pizca de pimentón dulce ahumado le dará un aroma espectacular al relleno. Si te apetece, añade un par de dientes de ajo bien picados.
Vierte un poco de aceite vegetal en una sartén de fondo grueso y caliéntalo. Echa aproximadamente la mitad de la masa de calabacín en la sartén caliente y repártela uniformemente. Fríe durante 3 minutos a fuego medio.
Dale la vuelta a la tortita con mucho cuidado y fríela unos minutos más por el otro lado. Esta masa tiene pocos ingredientes aglutinantes, así que es muy delicada; ¡ayúdate de dos espátulas para voltearla!
Coloca la mitad del relleno sobre la tortita dorada por ambos lados. Ponlo cerca del centro para evitar que el queso derretido se salga después.
Dobla la otra mitad de la tortita sobre el relleno, cerrándola. Fríe por ambos lados hasta que el queso de su interior se funda por completo. Te llevará unos 2 o 3 minutos.
Cubre la empanadilla de calabacín con un plato directamente sobre la sartén y dale la vuelta con cuidado. Es muy delicada y, mientras está caliente, resulta difícil sacarla sin romperla.
Para sacar el máximo partido a estas empanadillas de calabacín con queso y requesón, sírvelas recién hechas, directamente de la sartén, mientras el relleno sigue increíblemente tierno. El acompañamiento clásico sería una buena cucharada de smetana fría (crema agria o crème fraîche) o yogur griego, al que puedes añadir un poco de ajo picado y eneldo fresco. Si quieres un plato aún más contundente, experimenta incorporando al relleno unos taquitos de jamón o pechuga de pollo ahumada. Para los que buscan contrastes intensos, puedes cambiar la albahaca por cilantro o perejil, y sustituir el queso curado por suluguni (un queso georgiano en salmuera que funde muy bien, similar a la mozzarella firme) para lograr un sabor lácteo más pronunciado. Si te sobran raciones, guárdalas en la nevera y caliéntalas en una sartén sin aceite con la tapa puesta; así la corteza recuperará su textura apetitosa y el queso se fundirá de manera uniforme. Estos paquetitos de verdura son una alternativa fantástica a los sándwiches de siempre y conquistarán incluso a quienes suelen mirar el calabacín con indiferencia.











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