Galletas con frutas deshidratadas y semillas de amapola

Estas galletas con frutas deshidratadas y semillas de amapola son de lo más rico y fácil que vas a preparar; un dulce relleno que te va a encantar. La masa quebrada queda increíblemente tierna y arenosa, deshaciéndose literalmente en la boca, mientras que el relleno es denso, con un toque agridulce muy rico, donde las semillas de amapola aportan un ligero crujido que crea una textura interesantísima. El uso de la semilla de amapola en repostería tiene unas raíces muy profundas en la cultura gastronómica de Europa del Este, aportando a los dulces un aroma particular e inconfundible. Estas galletas son perfectas para vestir una mesa de celebración, pero también se volverán imprescindibles para acompañar tu té o café de la tarde, llenando la casa de ese reconfortante olor a calor de hogar.

Preparación: 47 minutos
Cocción: 13 minutos
Cantidad: 5 Porciones
Por porción
Calorías: 377 kcal
Proteínas: 5.5 g
Grasas: 14.1 g
Carbohidratos: 53.6 g

Ingredientes para la masa:

  • 70 g de mantequilla
  • 35 g de azúcar glas
  • 45 g de huevo batido
  • 180 g de harina de trigo
  • 1 sobrecito de azúcar avainillado o extracto de vainilla

Ingredientes para el relleno:

  • 70 g de uvas pasas
  • 50 g de dátiles
  • 40 g de semillas de amapola
  • 50 g de azúcar
  • 100 ml de agua

Elaboración de las galletas con frutas deshidratadas y semillas de amapola

Preparamos el relleno. Cubre los dátiles y las uvas pasas con agua caliente, déjalos reposar unos minutos y enjuágalos bien bajo el grifo. Si los dátiles tienen hueso, quítaselo, por supuesto, y pica la pulpa. Pon las semillas de amapola en un colador fino y lávalas. En una olla de fondo grueso, echa la amapola, el azúcar, vierte el agua y añade las pasas y los dátiles. Llévalo a ebullición y cuece a fuego lento hasta que el agua se evapore por completo. Pasa esta mezcla cocida a un procesador de alimentos y tritura durante un par de minutos. Extiende la pasta de amapola en un plato y deja que se enfríe completamente.

Pasta oscura y densa de frutas e ingredientes triturados en el vaso de un procesador de alimentos

Tritura la mezcla cocida de amapola y frutas en el robot de cocina hasta conseguir una pasta densa y homogénea.

Vamos con la masa. Saca la mantequilla de la nevera con antelación y déjala a temperatura ambiente. Añade el azúcar glas y el azúcar avainillado (o extracto de vainilla) a la mantequilla en pomada y bate con unas varillas hasta obtener una crema suave, pálida y esponjosa.

Mezcla blanquecina de mantequilla y azúcar en un cuenco metálico con unas varillas

Bate la mantequilla en pomada con el azúcar glas hasta lograr una crema pálida, ligera y con volumen.

Añadimos el huevo batido. A veces en pastelería se habla de ‘mélange’ cuando se usa huevo ya procesado, pero en casa es simplemente huevo mezclado. Como cada huevo tiene un tamaño diferente, muchas recetas precisas piden el peso exacto en lugar de unidades. Lo más práctico es batir un huevo en un cuenco y pesar la cantidad exacta que pide la masa. En esta receta indico el peso del huevo crudo batido.

Líquido de huevo cayendo sobre una crema batida de mantequilla en un bol

Vierte poco a poco el huevo batido mientras sigues removiendo hasta integrar todo perfectamente en una crema lisa.

Mezcla muy bien los ingredientes húmedos hasta que la crema sea homogénea. Incorpora la harina de trigo, remueve primero con una cuchara y luego pasa la masa a una tabla para amasarla rápidamente con las manos y formar una bola.

Harina blanca volcándose sobre una base de mantequilla dentro de un recipiente

Añade la harina de trigo y trabaja la mezcla con rapidez para obtener una masa suave, tierna y fácil de moldear.

Envuelve la masa con papel film y métela en la nevera entre 20 y 30 minutos.

Bola de masa redonda y lisa lista para enfriar sobre un fondo con restos de harina

Haz una bola con la masa y déjala reposar un rato en la nevera; así cogerá cuerpo y será mucho más manejable.

Espolvorea un poco de harina sobre la tabla de cortar y el rodillo. Estira la masa dejándola finita y dándole forma rectangular.

Plancha rectangular de masa fina extendida con un rodillo sobre una superficie de trabajo

Pasa el rodillo sobre la masa en una mesa enharinada hasta lograr un rectángulo de un grosor bastante fino.

Extiende el relleno de amapola sobre la masa de manera que llegue casi hasta el borde en los lados cortos, pero dejando aproximadamente 1 centímetro libre en los lados largos.

Fina capa de pasta oscura cubriendo casi por completo una lámina rectangular de masa

Extiende el relleno ya frío por toda la superficie de la masa, respetando unos pequeños márgenes limpios en los bordes.

Enrolla la masa formando un cilindro o tronquito uniforme. No tengas miedo de manipular y darle forma al rollo; la masa es bastante plástica y manejable.

Rollo de masa cruda con relleno oscuro de semillas de amapola sobre una tabla de madera

Enrolla con cuidado la masa junto al relleno para crear un cilindro compacto, procurando que quede lo más uniforme posible.

Corta el rollo en porciones de aproximadamente un centímetro de grosor y ve dejándolas sobre la tabla enharinada. En este punto, las galletas se verán un poco irregulares. Échate un poco de harina en las manos, coge cada galleta, aplástala ligeramente y dale una forma bonita y redondeada.

Discos de masa cortados con espirales de relleno sobre una superficie enharinada

Corta el rollo en pequeños discos y dale a cada uno una forma redondeada y pulida con las manos.

Coloca las galletas en una bandeja de horno forrada con papel vegetal.

Galletas crudas alineadas sobre una bandeja de horno forrada con papel vegetal

Coloca las porciones de masa en la bandeja de horno, dejando un pequeño espacio de separación entre cada galleta.

Hornea durante 13 minutos en el horno precalentado a 180 grados Celsius.

Galletas horneadas con un bonito tono dorado reposando en la bandeja

Hornea hasta que adquieran un tono dorado. Se hacen bastante rápido, así que no les quites el ojo de encima.

Espolvorea las galletas ya horneadas con azúcar glas directamente en la bandeja.

Lluvia de azúcar glas cayendo desde un colador sobre las galletas recién horneadas

Espolvorea una buena cantidad de azúcar glas sobre las galletas mientras sigan tibias para darles un toque dulce y delicado.

¡Que aproveche!

Galletas con relleno oscuro servidas en una cesta junto a un paño rústico

El resultado es un bocado tremendamente aromático y que se deshace en la boca. ¡Que las disfrutes!

En el relleno de este postre, además de los dátiles y las uvas pasas, puedes añadir sin miedo orejones de albaricoque, ciruelas pasas o incluso higos secos; así tus galletas ganarán unos matices de sabor espectaculares. Si te gustan las texturas más complejas, prueba a incorporar a la pasta de amapola un puñado de nueces picadas o avellanas. No solo enriquecerá el sabor, sino que hará el bocado más saciante.

Lo mejor es servir estas galletas cuando estén completamente frías, momento en el que la masa quebrada se habrá estabilizado por completo y mostrará su textura más arenosa. Combinan a la perfección con un vaso de leche fría, una buena infusión o un café intenso. Te recomiendo guardarlas en un recipiente hermético para que se mantengan frescas más tiempo, aunque, por experiencia, ¡desaparecen de la mesa casi por arte de magia!