La ensalada de polenta y espárragos es una receta vegetariana, sana y muy nutritiva, perfecta para una comida o cena ligera. La polenta, esa tradicional sémola de maíz del norte de Italia, adquiere aquí un carácter totalmente nuevo: una vez fría, la cortamos en dados y la freímos hasta conseguir un bocado irresistiblemente crujiente. Al combinarla con espárragos verdes tiernos, tan apreciados por su sabor delicado y su riqueza en vitaminas, logramos un plato verdaderamente equilibrado. Esta ensalada está deliciosa tanto templada como fría. Además, es una opción estupenda si buscas platos sin ingredientes de origen animal, ya que todo es cien por cien vegetal, realzado con un buen aceite de oliva.

Una apetitosa ensalada de polenta crujiente y espárragos tiernos lista para servir. Disfrútala templada o a temperatura ambiente.
Ingredientes
- 150 g de polenta de grano fino
- 600 ml de agua
- 200 g de espárragos verdes
- 1 pepino fresco
- 1 cebolla
- 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Harina de trigo, aceite para freír, sal y pimienta al gusto
- Vinagre de vino blanco, aceite de oliva y mostaza de Dijon para el aliño
Cómo preparar la ensalada de polenta y espárragos
Corta unos 2-3 centímetros de la base de los tallos de los espárragos. Luego, con un pelador de verduras, pela aproximadamente 10 centímetros del tallo: solo quita una capa fina de la piel fibrosa. La parte inferior del tallo es muy fibrosa; la puedes guardar para hacer una crema o sopa que pases por un colador, así evitas que esas fibras tan duras arruinen el plato.

Pela con cuidado la parte inferior de los tallos para eliminar la piel dura y asegurar que queden muy tiernos.
Corta los espárragos por la mitad o en tres partes. En una olla, vierte un litro de agua, añade sal y lleva a ebullición. Introduce los espárragos en el agua hirviendo, cuece durante 4-5 minutos y escúrrelos en un colador.

Escurre los espárragos en un colador. Es clave no pasarse de cocción para mantener esa textura crujiente y fresca.
Prepara la polenta. Vierte 600 ml de agua en una olla y añade sal. Cuando rompa a hervir, vierte la polenta en forma de hilo fino, removiendo sin parar con una cuchara de madera o una espátula estrecha. Cuece la polenta a fuego lento durante 15-20 minutos. El tiempo de cocción depende del grosor del grano: cuanto más fino, más rápido estará lista.
Cuando la polenta esté lista, vierte un chorrito de aceite de oliva virgen extra y mezcla bien. Extiéndela uniformemente en la olla o sobre una fuente plana. Deja que se enfríe a temperatura ambiente; al enfriarse, cuajará y se convertirá en una masa firme que podrás cortar fácilmente en dados perfectos para comer.
Pasa la polenta ya cuajada a una tabla de cortar, córtala en tiras gruesas y luego en dados grandes.
Reboza los dados de polenta en harina de trigo.
En una sartén de fondo grueso, calienta 2 cucharadas de aceite para freír. Coloca los dados de polenta y fríelos hasta que se doren y queden crujientes por un lado.
Dales la vuelta a los dados y fríelos hasta conseguir un tono dorado por el otro lado. Retira la polenta de la sartén y déjala sobre papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.

Fríela por todos lados hasta que esté dorada y luego retira el exceso de grasa sobre papel absorbente.
Sofríe una cebolla finamente picada hasta que quede traslúcida y salpimenta al gusto.

Pocha la cebolla hasta que esté transparente: se convertirá en la base aromática de la salsa de nuestra ensalada.
Añade a la cebolla sofrita una cucharada de vinagre de vino blanco, una cucharadita de mostaza de Dijon, un poco de aceite de oliva virgen extra y mezcla bien.

Mezcla la polenta dorada con la cebolla, la mostaza y el vinagre para que los dados se impregnen de todo el sabor.
Pon la polenta frita en un bol y báñala con el aliño de cebolla.
Incorpora los espárragos al resto de los ingredientes de la ensalada y remueve todo suavemente.

Sirve la ensalada en una fuente. El contraste de texturas y colores hace que este plato sea realmente especial.
Sirve la ensalada de polenta y espárragos apilada en el centro de un plato. Decora con unas láminas muy finas de pepino fresco. Espolvorea con pimienta negra recién molida y llévala a la mesa de inmediato. ¡Que aproveche!
Para que tu ensalada de polenta y espárragos luzca espectacular, sírvela justo después de montarla; así los dados de polenta conservarán su máximo crujido. Si quieres darle un toque extra de aroma, añade al aliño una pizca de tomillo seco o perejil fresco muy picado. Para hacerla aún más saciante, corónala con unos piñones tostados o unos tomates secos, dándole un inconfundible aire mediterráneo. Si prefieres una versión más económica de esta receta, cambia los espárragos verdes por judías verdes; el resultado será igualmente delicioso. También puedes preparar la polenta con antelación para que cuaje perfectamente en el molde, lo que te ahorrará mucho tiempo a la hora de montar la ensalada antes de servir. No dudes en jugar con el nivel de picante de la mostaza para encontrar el equilibrio perfecto para tu paladar.






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